FREAKONOMICS
“Freakonomics: Un economista políticamente incorrecto” explora el lado oculto de lo que nos afecta es un libro escrito por el economista Steven Levitt y el periodista Stephen J. Dubner, publicado el año 2005. El libro es una colección de artículos relacionados con la economía escritos por Levitt, y orientados a un segmento amplio de la población. Levitt ya tenía la reputación de la academia al aplicar la teoría económica a diversos temas que no son usualmente cubiertos con los economistas “tradicionales”.
En 1996, la administración responsable de las escuelas públicas de Chicago empezó a hacer exámenes anuales a todos los alumnos, aunque los verdaderos examinados eran los profesores, ya que los resultados repercutían de forma considerable sobre su sueldo y sus posibilidades de promoción. Los autores se preguntaron si tal vez, algunos profesores harían trampa, ya que los incentivos eran grandes y las trampas de los profesores constituyen un fenómeno raro, pocas veces investigado (como todo el mundo sabe, son los alumnos lo que engañan) ¿cómo abordar esta cuestión? Afortunadamente para los autores, todos los resultados de los tests, entre 1996 y 2000, estaban accesibles en Internet (algo así como 100 millones de preguntas individuales), incluyendo información precisa sobre la marcha de cada alumno a lo largo de los años. Sobre esta base, los autores construyeron un algoritmo informático que identificaba bloques sospechosos, esto es, bloques de preguntas cuyo porcentaje de aciertos resultase sorprendentemente alto e incoherente con el resto del examen. De esta forma estimaron que aproximadamente un 5% de los profesores hacía trampas (una estimación conservadora, ya que el algoritmo sólo identificaba los casos más flagrantes ). Después de publicado el artículo, el responsable de educación de Chicago pidió ayuda a los propios autores para identificar a los profesores tramposos, lo cual acabó con el despedido de aproximadamente una docena de ellos (sin duda una minoría, pero con un efecto ejemplarizante sobre el resto).
Este dato ni me sorprende ni me escandaliza. En realidad son buenas noticias, ya que el 95% de los profesores (probablemente) no hizo trampas, a pesar de que no parecía que hacerlas tuviera consecuencias negativas. Seguramente encontraríamos porcentajes de tramposos iguales o mayores en cualquier otro colectivo (si se trata concejales de urbanismo, mejor no hablar). Los autores no se preguntan si hacer trampas está en la naturaleza humana o no, se limitan a estudiar la conducta aquí y ahora. Pero la pregunta es muy relevante para los psicólogos evolucionistas. No voy a entrar hoy de lleno en el tema, pero conviene mencionar que la capacidad de engañar no es exclusiva de nuestra especie y seguramente es, en parte biológica y tiene un asiento en nuestros genes (aunque todavía no hayamos identificado dichos genes).
En el periódico gratuito Qué! Málaga , en el cual vemos un pequeño artículo sobre pluses para los docentes en Andalucía. La breve noticia, dice que “La Junta anunció el establecimiento de ‘incentivos económicos’ de 7.000€ anuales durante 4 años a partir de 2008 para el profesorado de centros públicos que logre objetivos educativos”… ¿sería esto una buena forma de impulsar una mejora en la educación andaluza? Puede ser que suceda como en el caso de Chicago del que investigaron los autores del libro. Pero una opinión, tras investigar y leer mucho con respecto al tema, es que los profesores se ceñirían solo a obtener buenos resultados, llegando incluso a engañar y manipular los resultados para obtener esos incentivos.
Esto nos crea una incógnita, ¿dan lugar los incentivos a que el ser humano mienta y engañe? Para comprender mejor este caso, pondremos como ejemplo una película española: “crimen ferpecto ”, en esta película, Rafael es un tipo seductor y ambicioso. Le gustan las mujeres guapas, la ropa elegante y el ambiente selecto. Trabaja en unos grandes almacenes. Ha convertido la sección de Señoras en su feudo particular. Nació para vender. Lo lleva en la sangre.
Rafael aspira a convertirse en el nuevo Jefe de Planta. Su principal rival para ocupar el puesto es Don Antonio, el veterano encargado de la sección de Caballeros. Por fatalidades del destino, Don Antonio muere accidentalmente tras una discusión acalorada.
El único testigo del crimen es Lourdes, una dependienta horrorosa, naïf y obsesiva, que no duda en chantajear a Rafael, que se convierta en su amante, su marido y su esclavo. Rafael se desespera viendo cómo su mundo sofisticado degenera poco a poco en un infierno de vulgaridad. Preso de la locura, idea un plan infalible para librarse de Lourdes. Esta vez no puede permitirse ni un error. Todo tiene que ser FERPECTO.
Así es como Crimen Ferpecto, del genial director Alex de la Iglesia, expresa la feroz competencia surgida de los sistemas de remuneración por incentivos. El tiempo en el que un empleado cobraba un salario fijo a fin de mes se encuentra cada vez más lejos. Hace ya varios años que los ingresos de los trabajadores corporativos dependen menos del salario de base y más de toda una serie de “bonus” y comisiones. ¿Qué tan eficiente resulta este método?
En una encuesta de The Wall Street Journal de junio de 2004, un 83% de las compañías con programas de pago por rendimiento afirmaron que éstos sólo eran relativamente exitosos o que no estaban funcionando del todo. En el artículo Goal Setting as a Motivator of Unethical Behavior, Maurice Schweitzer, profesor de Operaciones y Management de la Información de Wharton, señala que la remuneración vía cumplimiento de metas suele incentivar al fraude. Por ejemplo, a principios de los noventa, Sears, Roebuck & Co, implementó ambiciosos objetivos para su departamento de reparación de automóviles. ¿El resultado? Para cumplir con las metas, los mecánicos realizaron reparaciones innecesarias en el 90% de los casos .
Ya habréis adivinado que lo que tiene en común los profesores con los luchadores de sumo es que ambos hacen trampas. En el caso de estos últimos, la cosa es bastante más complicada. La historia es realmente buena y creo que puede que generalizarse a muchas esferas (si no a todas). Grupos o individuos que llegan a acuerdos tácitos de ayuda mutua; ¿a qué me suena esto? Grupos parlamentarios que condicionan su voto (independientemente de lo que se esté votando) a un intercambio de apoyos. Miembros de tribunales de oposición que pactan tácitamente el apoyo a sus candidatos ¡El comportamiento de los luchadores de sumo es la vida misma! Y conste, que el intercambio de favores no tiene por qué ser ilegal o inmoral. Puede ser una forma de cooperación perfectamente lícita. El factor clave de esta conducta es que los participantes tienen que encontrarse en el camino con relativa frecuencia (como los arrieros) y tienen que recordar el historial de pasado de ayudas de los otros. Estas condiciones no son exclusivas de nuestra especie, sino que ocurren en numerosos animales sociales. Así que no es raro que el altruísmo recíproco, como denominan los etólogos a este tipo de conducta, se haya desarrollado muchas veces. Sin ir más lejos en animales tan vilipendiados como el vampiro.
Se ha visto que entre algunas especies de vampiros sociales es normal que los individuos compartan el alimento obtenido con otros animales que no son sus parientes cercanos. Este hecho está probablemente relacionado con el incierto modo de alimentación del vampiro, el cual accede a un alimento bastante nutritivo (la sangre) pero con una frecuencia relativamente baja. Por tanto, es fácil pensar que esta conducta altruista resulta beneficiosa en conjunto, ya que compartir el alimento puede salvar la vida de aquellos animales que no hayan sido afortunados una noche, los cuales podrán, tal vez devolver el favor a sus benefactores.
Como nos explican los dos autores, “El Ku Flux Klan era un grupo cuyo poder –en parte como el de políticos, agentes inmobiliarios y corredores de Bolsa- procedían en buena medida del hecho de que ocultaban información ”.
El intercambio de información normalmente cobra la forma de un juego en dos etapas. En la primera, las empresas deciden si revelan su información privada, y luego compiten al estilo de Cournot o Bertrand. En un mundo perfecto, señala Vives, los beneficios esperados del intercambio de información son siempre mayores que si no se produjera dicho intercambio, con valores independientes y privados y complementos estratégicos y de valor comunes.
En conjunto, el intercambio de información no puede considerarse una prueba suficiente de la existencia de colusión de intereses. De hecho, no se realiza en secreto. Las asociaciones comerciales suelen supervisar dichos acuerdos y dan a conocer una estadística agregada de la información privada de las empresas. Así, cuando una firma se integra en una asociación, se expone a dos tipos de revelación de datos: no exclusiva y exclusiva. En la primera, cualquier empresa del mercado puede acceder a la información privada de la nueva firma asociada. En la segunda, esta información sólo está disponible para los miembros de la asociación.
El intercambio de información afecta al excedente del consumidor y al excedente total de tres maneras: ajuste de la producción a la información; uniformidad de la producción en todas las variedades (dada la preferencia del consumidor por la variedad) y selección entre empresas de distinta eficiencia. En un monopolio, el acceso a más información proporciona a la empresa mayores posibilidades de extraer excedente del consumidor, mientras que la información tiende a hacer la producción de variedades más parecida en el caso de una incertidumbre de valor común y no tanto en el caso de una incertidumbre de valor privada. En un oligopolio, el intercambio de información aumenta el excedente total esperado y reduce el del consumidor.
Sin una asociación comercial que controle el intercambio de información, éste resulta difícil. Cuesta mucho saber si las empresas son veraces, sobre todo cuando no hay información verificable, ya que a todas les gustaría que se las considerase de bajo coste. Cuando sí hay información verificable suceden dos cosas: se produce una revelación total de datos (si ésta no representa coste alguno) y se sabe si las empresas disponen de información. Las empresas también pueden revelar información mediante publicidad, una competencia dinámica en la que los niveles de producción son observables, o mediante informes de ventas.
A pesar de estas observaciones, no hay muchas evidencias de cuál es exactamente el efecto del intercambio de información en las empresas. Algunas investigaciones han intentado arrojar luz sobre este tema, pero todavía persisten los interrogantes sobre el tema .
Dentro de las relaciones públicas (RRPP), podemos encontrar distintos tipos de intercambio de información, las cuales tienen sus ventajas y sus inconvenientes. La comunicación puede ser interna o externa desde el punto de vista de la empresa u organización; es una herramienta en la gestión actual de las empresas, motivada por los cambios sociales y políticos en el entorno de las organizaciones. Observando nuestra comunicación interna, podemos ver distintos subgrupos:
- Comunicación descendente. Información originada en algún punto de la organización que se vierte hacia abajo en la estructura jerárquica, con el fin de informar e influir. Implantar y fortalecer la cultura de empresa, reducir rumores, aumenta el sentimiento de pertenencia…
- Comunicación ascendente. Es alguien de la organización que transmite información, ideas, sugerencias y quejas hacia otra persona de un nivel jerárquico superior. Las empresas en la actualidad tienden más a este tipo de comunicación, ya que la dirección sabe, a raíz de ésta, el grado de aceptación o de credibilidad que tiene la dirección delante de los empleados. Es una forma de valorar las ideas que pueda dar los empleados para el mejor desarrollo de la empresa.
- Comunicación horizontal. Cuando miembros de un mismo nivel dentro de la jerarquía del mando se comunican entre si. Esta se asienta en una buena comunicación vertical. Va ser más informal cuando más débil es nuestra comunicación vertical. Debe de haber una formación adecuada en técnicas de comunicación, y una voluntad por parte de la dirección para gestionarla. Cuando tenemos problemas de incomodidez, hay poco interés por acudir a las formas de comunicación. Tiene que tener unos canales establecidos, y es muy importante para coordinar el trabajo.
Pero una vez observado esto, podemos preguntar cual de ellas es la más efectiva. Lo más fácil sería responder que es la primera de las tres; pero nos equivocamos. Razonemos el caso del jefe que solo se dedicar a mandar información hacia abajo en su pirámide de jerarquización, lo cual puede llegar a provocar un rechazo en un momento determinado en el empleado. En el caso de las otras dos pueden suceder cosas similares, por lo que lo más idóneo es una simultaneidad de las tres. Una para que una buena empresa funcione, debe existir estos tres tipos de comunicación, los cuales crearán una buena armonía entre los miembros de la empresa.
Para concluir sobre el tema de Freakonomics, hemos decidido poner en marcha una pequeña búsqueda de información con respecto a los autores del libro. Durante esta intensa búsqueda encontramos otro libro interesante, de Tim Harford “El economista camuflado”, en el cual se pone de manifiesto temas económicos como por ejemplo el precio triple que tiene un café en Satrbucks con respecto a un bar normal. Mirando el libro por encima antes de empezar a leerlo, decidimos leer la contraportada, en donde nos encontramos una grata sorpresa, que precisamente el autor de Freakonomics es uno de los escritores que recomienda este otro libro calificándolo de “un libro de lectura obligada” en portada del libro. Justo en la contraportada hace una pequeña reseña sobre el libro, en donde dice que “[…] es un libro sobre economía que atrapará a los lectores. Bellamente escrito y argumentado […]”.
Tras la lectura aconsejada por S.D. Levitt de este libro, nos quedamos asombrados sobre su contenido, ese análisis de la realidad desde el punto de vista económico, como por ejemplo que los supermercados logran que cada cliente pague lo máximo posible, a través de productos ecológicos, etc.
Desde 1990, el premio Nobel de economía sólo se ha otorgado ocasionalmente por avances en asuntos que se identifican claramente con la disciplina –los ciclos de negocios, las tasas de intercambios y, en cambio, se ha entregado con mayor frecuencia a descubrimientos fuertemente relacionados con la psicología, la historia, el desarrollo humano, las leyes o las elecciones de cada uno. Quizá nada extraño si se considera el enfoque fuertemente subjetivo que tiene una de las definiciones canónicas de la Economía, la que formuló Lionel Robbins en 1932: la ciencia económica es la que analiza el comportamiento humano como una relación entre unos objetivos dados y unos recursos escasos que, además, tienen usos alternativos. Y menos extraño aún si se tiene en cuenta el grado actual de riqueza de las sociedades occidentales, en las que realmente es posible escapar de las necesidades más primarias.
Como diría Tim Harford, el autor de El economista camuflado, que ha vendido varios cientos de miles de ejemplares, esa ganancia refleja el interés del consumidor en conocer con mayor profundidad esta materia o, si no, se gastaría el siempre escaso dinero en otras cosas. Por supuesto, añadiría, que se venda tanto -o tan poco, si esperaba vender millones de libros- indica un acierto -o un fallo a la hora de elegir el precio para el volumen, además de una distribución más o menos adecuada y una competencia más o menos dura en estos temas.
Cualquier ejemplo le vale a Harford, columnista del Financial Times, para explicar la tupida red de relaciones, precios y decisiones que conforman el funcionamiento de la economía. Por ejemplo, tomar una taza de café en el Starbucks más cercano –que casi seguro que lo hay. A partir de esa rutinaria operación, y de su precio, que no suele ser especialmente barato, Harford puede reflexionar sobre la escasez –de puestos estratégicos en los que colocar cafeterías al paso de los clientes, a su juicio el secreto de la compañía–, una escasez que condiciona siempre la economía y determina sus precios, pero también cómo estas cafeterías pueden negociar exclusividad, limitar la competencia, en una zona para subir los precios –al igual que el Cinturón Verde de Londres provoca que los valores inmobiliarios de la ciudad sean más altos de lo que deberían– y, lo que resulta muy interesante, cómo las cafeterías consiguen discriminar precios para cada consumidor, sacarle todo lo posible según su capacidad económica y preferencias.
Un ejemplo: una popular cadena de cafés en Londres, Costa, ofreció durante un tiempo un café de Comercio Justo. El café provenía de una marca que se comprometía a ofrecer buenos precios a los productores de café en los países pobres. Y lo hacía. Sólo que aun doblando lo que les pagaba, el precio de la taza de café sólo subía un penique, y no los diez que cobraba Costa por ese café justo. Con ese Café de Comercio Justo Costa permitió que Costa identificara a los clientes dispuestos a pagar un poco más por su café… si se les daba una razón para hacerlo. Lo que se hace habitualmente utilizando ingredientes adicionales –un moca con chocolate blanco- que permiten subir mucho el precio y apenas cuestan una décima parte.
Los ejemplos se extienden a los supermercados gracias a los productos ecológicos, que cuestan más, pero para nada tanto más, y permiten descubrir a los clientes con una actitud más indiferente con respecto al precio. Harford descubre paradojas incluso en los precios de supermercados caros y baratos, por lo que aconseja no buscar un negocio barato, si no tratar de comprar barato.
El autor reflexiona también sobre la información necesaria para que los mercados funcionen bien, sobre la función indicadora de los precios, las externalidades negativas causadas, por ejemplo, por empresas que contaminan, sobre la corrupción y la falta de incentivos que explican la pobreza del Tercer Mundo muchísimo más que la falta de dinero o educación e, inevitable, sobre cómo China se está haciendo rica. Ciertamente, el libro proporciona menos revelaciones que el popular Freakonomics, y en cambio es mucho más normativo en algunos de sus capítulos, pero resulta una interesante introducción a las alternativas que nos rodean.
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Holaa! me ha gustado mucho tu blog es muy interesante , yo tambien he comenzado a abrir mi blog sobre relaciones publicas, me gustaria que pasaras y dejaras tu comentario si puedes! gracias! un beso